La Silla Vacía en la Terapia Gestalt

Técnica de la Silla Vacía

por Oscar Prettel B

Para el Centro de Orientación y Desarrollo Humano

Dentro de la Terapia Gestalt, una de las técnicas más originales y distintivas de este he enfoque ha sido sin duda el uso de la Silla Vacía. La utilización de la silla vacía como procedimiento de la Terapia Gestalt se debe a Fritz Perls que se servía de esta técnica cuando ofrecía cortas sesiones de demostración ante grandes audiencias de profesionales ávidos de conocer la aplicación de su enfoque.

Por lo general, se utiliza este procedimiento de distintas formas y con diferentes propósitos:

  1. Una Situación o Acontecimiento.- Un acontecimiento puede ser de naturaleza traumática y representar una situación perturbadora en la vida de la persona, de tal forma que ha inhibido alguna función o bloqueado su sano desarrollo y crecimiento personal. Por ejemplo, una violación, abuso, agresión física, etc. Se refiere a cualquier acontecimiento que lo haya marcado significativamente y alterado su vida de alguna manera .
  2. Una Persona no Disponible.– Una persona en torno a quien se ha desarrollado un asunto inconcluso (presente o pasado) y que esta persona no se encuentre disponible, o bien, porque no es factible el encuentro y la confrontación, o bien, porque ha fallecido o desaparecido de la vida del paciente. No estar disponible puede deberse a varias causas, como fallecimiento, distanciamiento, abandono, separación, etc .
  3. Un Aspecto de la Propia Personalidad.- Cuando se utiliza para proyectar en la silla algún aspecto de la propia personalidad del paciente, como una necesidad, incapacidad, sentimiento, etc., la persona se encuentra en una dimensión más concreta para manejar y comprender otra dimensión más subjetiva de sí mismo (self). Esta es una forma desde la cual lo subjetivo se vuelve tangible y por lo tanto, más comprensible y manejable para el paciente. A la vez que le permite la expresión y liberación de profundas tensiones internas .


En esta técnica se puede encontrar un importante recurso para el trabajo terapéutico de las proyecciones y al mismo tiempo facilitar a la persona el descubrimiento y la reintegración de sus propias proyecciones. La forma como se desarrolla este procedimiento cambia dependiendo de lo que se proyecte en la silla vacía. No es lo mismo cuando se trabaja con algún acontecimiento o con alguna persona no disponible, que cuando se trabaja algún aspecto de la propia personalidad. Con un acontecimiento, por ejemplo, la experiencia es más narrativa y descriptiva de la situación. El paciente recapitula lo sucedido y el terapeuta interviene haciendo énfasis en el sentimiento o la emoción que acompaña cada instante del evento reportado, pidiendo al paciente al mismo tiempo que se de cuenta de lo que este sintiendo .

En cambio, cuando se trabaja en la silla algún aspecto de la propia personalidad, la experiencia se vuelve más interactiva y dialogal. El terapeuta dirige la intervención hacia el momento mas intenso emocionalmente para el paciente, y detiene el proceso en el punto exacto donde el contacto se hace fenomenológicamente evidente. El paciente establece contacto y el terapeuta contribuye a maximizarlo para que ocurra el awareness .

De esta forma la silla actúa a manera de pantalla, donde el paciente focaliza su atención y proyecta su percepción del acontecimiento. Narra y describe lo sucedido. Identifica sus emociones y sentimientos ligados a cada elemento significativo de tal acontecimiento, expresa y libera profundas tensiones internas. Establece contacto y toma conciencia del significado que ha asignado a tal acontecimiento, así como la forma como interfiere en su vida .

La persona encuentra la posibilidad de resignificar, sentir y responder de una forma nueva más integral y saludable. Si el acontecimiento es pasado, reconoce que no es posible cambiar lo sucedido pero que si es posible cambiar su significado y la forma de sentirse al respecto. Si el acontecimiento es presente, descubre nuevas formas de afrontar y responder ante tal situación en su vida .

Cuando se pone en la Silla Vacía a una persona significativa en la vida del paciente que puede no estar disponible por diversas causas (fallecimiento, distanciamiento, abandono, separación, etc.) la persona aprende que, si bien, ya no tiene existencia en la realidad física, ésta existe en la realidad psicológica del paciente. El paciente utiliza su imaginación para rellenar con la presencia de tal persona, el espacio vació de la silla. El terapeuta le pide primero lo describa en su aspecto físico para darle fuerza a tal imagen y presencia. Le pide dar forma y cuerpo a través de su imaginación, mientras tanto, va a experimentar una serie de sensaciones y sentimientos que se van a reflejar corporalmente .

El terapeuta lo señala y lo refleja para que se vayan integrando al campo consciente del paciente. De igual forma, dirige la intervención hacia el momento de mayor intensidad emocional, detiene el proceso y facilita la toma de contacto. El paciente se comunica directamente con la persona imaginada en la silla. El terapeuta sigue muy de cerca este dialogo, haciendo énfasis en el presente, en el sentimiento y en el cuerpo del paciente, suprimiendo cualquier nuevo intento de evitación o evasión, alentando la expresión vigorosa de las emociones, fortaleciendo el awareness y fijando el limite de la frontera desde la cual el paciente reconoce lo propio y lo ajeno. De esta forma, encuentra la su responsabilidad y recupera e integra su propia proyección .

Cuando este dialogo con la persona en la Silla Vacía termina, el terapeuta le pide al paciente que cierra sus ojos e imagine a esta persona, que la acerque hacia si mismo y la ponga en algún lugar de su cuerpo que no sea la cabeza (para evitar racionalizaciones). El terapeuta le pregunta en donde la ha puesto y observa la región corporal sobre la que se ha reintegrado la proyección. Cada parte del cuerpo guarda una relación simbólica con la necesidad afectiva del paciente, por ejemplo, si se ha trabajado en la silla al padre o la madre, no es lo mismo si esta figura se depositada en el pecho, en las manos, o en los pies .

Una vez reintegrada la proyección, el terapeuta le indica que puede abrir los ojos y le da tiempo para que se recupere de las imágenes trabajadas y se ubique en el momento y espacio terapéutico. Le pregunta como se siente y da por terminada la sesión .

Algunas veces es importante brindarle breve información al finalizar esta técnica, como el hecho de poder sentirse raro, extraÑo, triste o tal vez con soledad en los días siguientes a la sesión. Estas sensaciones son frecuentes en las personas después de un trabajo con esta técnica de la silla vacía. Esta situación obedece al acomodo interno que la persona va teniendo para reorganizar su experiencia y por lo general no existe motivo para mayor preocupación.

Cuando en la silla se deposita algún aspecto de la propia personalidad del paciente, este tiene la oportunidad de mirarse y examinarse a distancia, “desde afuera”, logrando una impresión más imparcial de sí mismo. En nuestra experiencia con esta técnica, por lo general, hemos trabajado con aquel aspecto negado o rechazado de la propia personalidad del paciente. Este es el aspecto ideal para ser depositado frente a la persona, en la Silla Vacía. La mera ubicación física de la proyección “expone ante los ojos aquello que no se quiere mirar, – se teme -, pero ahora se tiene frente a uno mismo. Y no solo se tiene frente a uno, sino hasta se debe comunicarse, hablarle y escucharle decir lo que tanto se ha querido evitar oír” .

En este caso, se puede tratar de un aspecto del self resistido e inadmisible a la conciencia moral de la persona. Puede representar una polaridad entre un deseo y una restricción moral. Cada uno ocupando un espacio antagónico e irreconciliable desde el cual establecen una lucha entre contrarios. La personalidad total sucumbe a la ansiedad y al desgaste organísmico-energético que este conflicto interno conlleva .

Una de ambas partes se observa más disminuida y debilitada respecto de la otra. Esta parte representa aquel aspecto que la persona se niega a reconocer como propio, “el no yo”. Es el punto más sofocado, algunas veces por el sentido del deber, los introyectos, valores, creencias o la ideología. De alguna forma se considera una cuestión indeseable del sí mismo. Es en este punto donde se articulan las pautas defensivas y formas de evitación más características de la persona .

Este tipo de procedimiento le ofrece la oportunidad de dar forma y cuerpo a esta parte, de tenerla a la vista, frente a sí mismo. De hablarle y reconocerle por inadmisible que se crea. Finalmente constituye una parte de la totalidad, guarda su “posible relevancia” (Teoría de Campo2) y tiene una finalidad de contrapeso, que la persona desconoce. En el diálogo con esta parte “suya” puede descubrir (insight) su realidad y relevancia, per se a su disgusto, por cierto, que tiende a desvanecerse conforme se retira el la fuerza y dimensión de su antagónico .

En el caso de las restricciones morales, su poder inhibitorio disminuye conforme los introyectos se reestructuran. Se eliminan los que se basan en expectativas irreales y no constituyen ninguna ventaja adaptativa, y se asimilan los que guardan relevancia para el la vida de la persona.

De igual forma el terapeuta sigue muy atento y de cerca este diálogo interno del paciente, ahora externalizado precisamente en la silla vacía. Lo guía su propia intuición y su observación fenomenológica del proceso. Contribuye a la integración de Polos Opuestos3 trabajados mediante esta técnica. La personalidad continua creciendo y fortaleciéndose conforme se nutre y se integra de todas sus partes constitutivas. Destrabando aquéllas que se encuentran bloqueadas, – otras veces por las fantasías catastróficas de la persona -, y restituyéndose el flujo energético y libre funcionamiento del organismo. Descubriéndose nuevas formas de responder o nuevos aspectos de la persona, o bien, recuperando a aquellos en desuso o desacostumbrados, pero que aún ofrecen beneficio y ventaja si la persona se abstiene de prescindir de ellos .

El cierre de la experiencia varía dependiendo del estilo, creatividad y personalidad del terapeuta. Pero es necesario que la parte proyectada en la silla se reintegre de alguna manera a la personalidad total del paciente. El objetivo de esta técnica es precisamente de integración. No se debe dejar desfasada ni separada ninguna de las facetas de la personalidad trabajadas en la silla vacía .

A continuación, para fines de nuestro trabajo en la docencia4, se describen de manera relativa, los pasos que han facilitado nuestra labor psicoterapéutica con el empleo de esta técnica. Si bien, en la realidad cada experiencia se presenta en una configuración única de espacio y persona (terapeuta-paciente), nuestra intención es aportar al alumnado en CEDEP una guía que facilite el manejo de la técnica como parte de su formación:

1) Inicio de la Sesión.- Se inicia de la misma forma como iniciamos comúnmente cualquier otra sesión .

2) Observaciones Iniciales.– Se observa el estado general del paciente, cómo asiste a sesión, su apariencia, gestos, tono, estado emocional, etc .

3) Se Identifica una Figura.- Se observa de que habla o a que le presta mayor atención. El dato mas significativo lo es por su frecuencia o por su intensidad emotiva con que se reporta. En gestalt esto se refiere a aquel aspecto al cual el paciente le presta toda su atención .

4) Observación Fenomenológica.- El terapeuta presta mayor atención al “cómo” que al “qué” es lo que dice el paciente. Esto es, cual es el sentimiento, emoción, voz, tono muscular, postura corporal, etc. que acompaÑan la narración .

5) Reflejo Básico.– se refleja contenido, sentimiento y dato fenoménico para empatizar con la experiencia expuesta y hacer evidente la figura. El terapeuta nunca debe considerar que la figura ya esta clara para el paciente tan solo porque la esté hablando. El reflejo básico permite la toma de conciencia de la figura en cuestión. Si la figura no está clara, se corre el riesgo de disolverse una vez colocada en la silla vacía .

6) Se propone el Experimento.- Se invita al paciente para el desarrollo de este procedimiento. Por lo general, esta técnica se utiliza una vez que el paciente ha sido preparado previamente para este tipo de manejo. La preparación consisten en previsualizaciones de imagen, ensayos de imaginería mental, fantasía guiada, proyecciones de tipo pantalla, desinhibición, teatralización, etc. (recursos descritos en el artículo sobre la preparación sugerida para esta técnica5) .

7) Se coloca la Silla Vacía.- Se pone físicamente frente al paciente una silla en la cual se desarrollará este procedimiento. Se le pide concentrar toda su atención en la silla e imaginar ahí la figura previamente identificada .

8) Dando Forma a la Figura.– Se le pide que describa la forma que tiene la figura. Si es una persona, se describe a la persona en su estado físico: ropa, apariencia, edad, gestos, lugar, lo que esté haciendo, etc. El terapeuta observa detenidamente el impacto que tiene en el paciente imaginar ahí a tal persona. Si es una situación, la silla actúa a manera de pantalla sobre la cual el paciente irá narrando y recapitulando lo sucedido en tal acontecimiento y su reacción ante el mismo. El terapeuta pone atención en el impacto emocional y el significado que el paciente le ha asignado a tal situación. Muestra al paciente la imposibilidad de modificar lo sucedido, y a la vez, la importancia de generar un significado nuevo desde el cual se pueda vivir recordando lo mismo y sintiendo diferente al respecto. Si se proyecta algún aspecto de la personalidad, se le pide al paciente de igual manera darle forma, con la intención de hacer más comprensible y manejar algo tan subjetivo como una necesidad, o una incapacidad, actitud, sentimiento, rasgo, etc.”¦ Lo importante es hacer una forma-imagen tan clara como posible, para no correr el riesgo de disolverse durante el trabajo de tal proyección .

9) Iniciando el Diálogo.– Se le da expresión a la proyección pidiéndole al paciente que cambie de silla físicamente y que represente su propia proyección. Es decir, le tiene que dar voz y expresar todo lo que se le ocurra. Si se detiene, probablemente se debe a su resistencia. El terapeuta lo alienta a continuar su relato, sin preocuparse demasiado y expresando lo primero que se le venga a la mente. Esta es una manera de lograr que la proyección aparezca en su forma más pura, prescindiendo de todo juicio. Formulando lo primero que se ocurra y absteniéndose de cualquier valoración, por absurdo o ilógico que parezca. Se verifica que efectivamente este hablando la proyección. Muchas veces el paciente comienza a hablar desde si mismo, no logra despersonalizarse y tampoco hablar desde su proyección. Se le ayuda a conectarse con su proyección y se le alienta a representarla y hablar por ella. Se verifica que esta parte se exprese sin inhibiciones. En ocasiones, el paciente recurre al acercadeísmo para evitar sensaciones de extraÑeza, ridículo o vergüenza. El terapeuta debe verificar que se esté representando vivencialmente y no solo hablando acerca de”¦. Después de considerado un buen espacio de tiempo para lograr su expresión, se le pide al paciente que regrese a su silla inicial .

10) Intercambio de Silla.– Una vez que ha regresado a su silla, las preguntas más frecuentes son:.¿Cómo escuchas lo que te dice? ¿Qué te parece? ¿Cómo te sientes al respecto?… Es importante formular las preguntas en tiempo presente, cortas, claras y directas, para evitar distracciones y racionalizaciones. La intención es conectarlo con su propio diálogo interno, – hasta este momento interrumpido -, y observar cual es su reacción. También se le pregunta que es lo que quiere responderle y se asigna un buen tiempo para que continué expresándose.

11) Varios Intercambios de Silla.- El terapeuta debe ponderar el número de cambios convenientes entre silla y silla. Esto es, cuanta cantidad de dialogo se necesita para que la persona tome conciencia de sus partes disociadas. En ocasiones bastará con un solo cambio, mientras que en otras se necesitará de varios intercambios para facilitar la expresión. Un exceso de cambios produce distracción y ayuda al paciente a evitar el contacto. La decisión sobre el número de cambios entre silla y silla dependerá de la experiencia, sensibilidad, intuición y ojo clínico del terapeuta .

12) Cierre de la Experiencia.– Una ves de regreso en la silla original, se le pide al paciente que cierre sus ojos (para aumentar la fuerza de la imagen proyectada, pasando del contacto ambiental al contacto interno), que imagine esa parte suya proyectada en la silla vacía, que la acerque hacia si mismo y la deposite en algún lugar de su cuerpo que no sea la cabeza (para evitar más racionalizaciones), y la deposite en el cuerpo (para promover la sensibilidad). El terapeuta observa en que región corporal la deposita, pues sabe que cada parte guarda un sentido simbólico con las necesidades afectivas del paciente. Observa el ritmo del paciente en el manejo de la imagen, confiere el tiempo que requiere para recuperar su proyección. Este tiempo varía considerablemente entre un paciente y otro. Posteriormente recuperada la proyección, le pide que borre todas las imagines creadas hasta el momento y que lentamente vaya regresando a este espacio y momento .

Pide que abra los ojos. Le da suficiente tiempo para que se recupere de la experiencia. Identifica su estado afectivo y da por concluida la sesión .

Es importante no permitir que la persona intente volver a abrir la situación, como comúnmente suele suceder, para no restarle fuerza al impacto generado por la utilización de esta técnica .

Se puede agregar un poco de información respecto a la manera como alguien puede sentirse después de un procedimiento similar. Sobre todo para no generar ansiedad innecesaria en la persona. Estas sensaciones son frecuentes en las personas después de un trabajo con esta técnica de la silla vacía. De esta forma podrá comprender las reacciones emocionales secundarias al procedimiento, sin mayor ansiedad .

Está técnica se utiliza de manera intermitente, es decir, no se aplica en todas las sesiones consecutivamente, sino solo cuando, según la experiencia, sensibilidad e intuición del terapeuta, puede ser útil para explorar la figura, incrementar la conciencia y facilitar el contacto emocional .

Como se mencionó anteriormente, los pasos antes citados tienen un propósito didáctico, la realidad en la práctica supera cualquier intento de aprehenderla. No obstante, nuestra intención es facilitar el manejo de la técnica brindando claridad en cuanto a la intención de llevarla a cabo, sus diferentes etapas durante el procedimiento y algunas observaciones relevantes en cuanto a la actitud y manejo por parte del terapeuta .

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