¿Para qué sirve una Silla Vacía en Terapia Gestalt?

 Para Qué Sirve Una Silla Vacía

Redacción Red Alternativa info@larevistilla.com

Es obvio que una silla vacía sirve para sentarse, pero igualmente sirve para subirse en ella a coger algo a lo que no se alcanza; sin duda sirve para jugar al juego de la silla (sí, aquel en el que todos corren mientras dura la música y cuando para hay que sentarse); sirve para adornar un rincón de la casa… etc., etc., etc.

Y además de todo esto: ¿Para qué le sirve una Silla Vacía a un terapeuta gestáltico? Para sentar en ella a todos los «fantasmas» del que asiste a terapia. Los fantasmas pueden ser personas reales vivas o muertas, y/o cualidades de la persona que no reconoce como propias, como más abajo se explica. La silla vacía resulta muy útil, además, para enfrentar las dos partes de una decisión del mismo modo que lo hacía “EI Violinista en el Tejado: «por un lado, por otro…». La persona va cambiando de lugar y va dando argumentos en uno u otro sentido hasta llegar a una decisión lo más cercana posible a su deseo del momento. Por la silla pasan padres ausentes, madres muertas, amantes inconstantes, hijos adolescentes, etc. y un amplio elenco de personajes que acompañan nuestra vida y con los que tenemos o hemos tenido algún conflicto .

Cuando colocamos a la persona al otro lado de la silla y la hacemos que tome conciencia de cómo respondería a esto la otra persona, a menudo es posible llegar a un entendimiento aunque éste sea el de que no se llegarán a entender nunca.

Es igualmente útil utilizar esta técnica para despedirse de personas que fueron importantes para nosotros. A menudo las personas ya fallecidas se nos presentan en los sueños. Cuando el terapeuta pone en comunicación a la persona con el «fantasma» de su sueño, observa que éste se fue sin dejar algún mensaje importante para el soñante o por el contrario es éste el que tiene algún asunto pendiente con la persona desaparecida.

La silla vacía sirve para proyectar en ella aquello que nos es propio y lo tenemos rechazado. Es muy común oír decir «no puedo soportar su indiferencia» cuando en realidad se trata de nuestra misma respuesta ante situaciones semejantes. Cuando hacemos un diálogo entre dos partes nuestras tratamos de recuperar aquello que nos es propio y hemos colocado fuera porque no podemos asumirlo .

A veces es necesario poner en comunicación en más de una ocasión partes nuestras para que ambas posiciones se vayan acercando. Un ejemplo muy ilustrativo de esto es: «yo debo» y «yo quiero» .

Cuando una persona empieza a trabajar en terapia trae su cabeza llena de «deberías» y parte del proceso terapéutico va en busca de lo que la persona «necesita» en primer término y luego «quiere» en realidad, en un intento de que lo que piensa, lo que siente y lo que hace sea lo más congruente posible, lo más cercano a su necesidad posible y lo más gratificante posible.

El trabajo con la silla vacía permite expresar la rabia, el dolor, los sentimientos, las emociones… Con más facilidad, toda vez que la persona ha perdido el sentido del ridículo que acompaña a la imagen de estar hablando con una silla. De este modo la silla resulta muy útil en la consulta de un psicoterapeuta gestáltico y es, sin duda, la técnica que identifica y diferencia la Terapia Gestáltica, corriente terapéutica que se inserta en la Psicología Humanista, y cuya figura más conocida es Fritz Perls .

El postulado base de los psicólogos humanistas es que el ser humano tiende hacia la autorrealización y cuenta con todos los recursos necesarios y suficientes para alcanzar el bienestar. La terapia Gestalt llegó a España a finales de 1975 a través del Instituto de Psicoterapia Gestalt y hoy tiene una gran difusión en todo el país .

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